martes, octubre 17

Conejitos.

Pues hoy toca cómic, así que ya sabéis a que ateneros.

Una de mis últimas lecturas han sido las 500 páginas de “Lapinot et les carottes de la Patagonie” de Lewis Trondheim.



A este autor le he empezado a coger el gustito aquí en Francia, como a muchos otros autores franceses mira tu por donde, y anteriormente ya habían pasado por mis manos “Gare Central”, que realizó con Jean-Pierre Duffour y que me gustó pero algo justito y “Approximativement”, que ya hizo el solito y que me gustó más pero sin llegar a apasionarme.

Pero el que realmente me ha gustado ha sido este tomazo de Lapinot. El personaje es conocido en España por los álbumes de fecha posterior que ha ido publicando Planeta, aunque algo a trompicones por lo que tengo entendido, pero en ningún caso por éste del que hablo ya que aún no ha sido traducido al español por razones que desconozco pero que no me cuesta imaginar. La obra en realidad nace como un experimento, me explico.
Lewis Trondheim un buen día tiene la brillante idea de querer poner a prueba si vale para esto de dibujar bandes dessinées. Y no se le ocurre mejor forma de comprobarlo que lanzándose a la realización de un libro de 500 páginas. Su meta era confirmar si a lo largo de esas 500 páginas existía una evolución en su trazo y un motivo para seguir dibujando. Y vaya si lo había. Realmente es asombroso ver como cambia y mejora el grafismo del autor entre la primera y la última página. El único problema que suponía el ponerse como objetivo un número concreto de páginas es que resultaba muy poco probable que el argumento terminara por encajar en el número de folios preestablecido. Y así fue. Pero en palabras del propio autor: “On s’en fiche que Lapinot sauve le monde ou non”. Palabras que ni voy a traducir ni falta que hace.

La historia comienza con una duda del propio personaje, ya que todo el mundo le reconoce como salvador y héroe y él solo puede preguntarse por qué sin saber muy bien a que se debe todo eso. Entre tanto a las grandes orejotas de Lapinot llegan los comentarios sobre unas zanahorias patagonas que te hacen volar y el conejito pone todo su empeño en probarlas. Este argumento en principio simple va página tras página generando una maraña de historias y personajes (unos cincuenta), increíblemente entrelazados entre si, en la que se combinan la magia y lo policíaco, lo místico y lo mundano, con una facilidad pasmosa.

Toda la obra sigue una métrica inalterable, las quinientas páginas constan cada una de tres columnas de viñetas por cuatro filas, lo que hace doce viñetas por página, o lo que es lo mismo 6000 viñetas en total.


Esta página por si sola no permite corroborar la progresión en el arte del autor, aunque de las primeras ya se nota una mejora notable respecto a la primerísima hoja en la que el trazo es basto e incluso difícil de imaginarle el dinamismo característico de las viñetas de cómic. Claro que igualmente queda a años luz de las últimas ilustraciones en las que es capaz de incluir varios personajes en actitudes más cinéticas y activas.

Me parece un ejercicio estupendo este que se le ocurrió un día cualquiera al bueno de Lewis. Luego continuó escribiendo y dibujando historias con este personaje y con otros y se hizo bastante famoso el tío. Pero nunca dio un fin a la historia que le convenció de que valía para esto. ¿Pero sabéis que?

“Je m’en fiche”.

Así que recomiendo su lectura, incluso si la única forma de hacerlo es a través en su idioma original, que tampoco es tan difícil vaya…

Sobre las imágenes incluidas tengo que decir que las he sacado de esta web monográfica sobre Lewis Trondheim y que es bastante interesante.

Y a propósito de este tema del que estamos hablando me acabo de enterar por el blog del carcelero que tanto este Trondheim como su compañero de armas Sfar dejan L’association por discrepancias con otro compañero, Jean-Cristophe Menu, al igual que ya la dejó hace no mucho David B. ¡Y a mi que me encantaba la colección Ciboulette! ya que me permitía encontrar las obras de algunos de los mejores guionistas y dibujantes francófonos sin complicarme mucho la vida, y ahora voy a tener que bucear aún más en las Album de París cada vez que me escape a comprar vicio (ya ves tu que lástima…). En fin que todos tienen sus razones para hacer lo que han hecho y a mi me parecen muy bien todas y cada una de ellas. A mi modo de ver esto repercutirá en que cada artista seguirá publicando lo que quiera publicar en las editoriales que quieran publicarlos pero en ningún caso creo que esto vaya a implicar una disminución de publicaciones. Que no veo la razón para alarmarse. Quede como dato curioso que cuando me leí el cómic “Approximativement”, de corte autobiográfico una de las impresiones que me dio cuando reflejaba las reuniones de L’association era que si algo brillaba por su ausencia era el buen rollismo entre ellos, quizás siendo uno de los más fácilmente irritables el propio Trondheim, pero bueno ese cómic data de bastantes años antes de toda esta polémica y no creo que tenga nada que ver con la situación actual, pero nunca se sabe.

3 comentarios:

monx dijo...

Hombre,esto anima a echarle un vistazo al cómic....pero claro, hay que ser francófono...un poco.

Jorge dijo...

Pero si tu eres más francófona ya que yo...
Cuando te lo quieras leer te pasas por mi habitación y lo coges.

Anónimo dijo...

agggg tengo muuuuucho trabajo solo me paso a saludarte

un besote

natalia