martes, noviembre 7

Otra vez noviembre?

Bueno la semana pasada, y pese a que había cogido un buen ritmo de escritura, por una razón o por otra terminé por no escribir nada por aquí.
Una razón era la de siempre, eso de que soy algo perezosillo y no me pilló muy bien ponerme a ello. Y la otra era la del pica y rasca, nada que ver con los rasca y gana, sino más bien por eso de las reacciones cutáneas, si hace unos meses me toco a mí ahora ha sido a mi compañera, claro que a día de hoy las causas por las que llegó a ello son desconocidas y nada tienen que ver con las de la otra vez. Por un lado manejamos la hipótesis de que fuera producto de la picadura de un bicho que la encontró de buen gusto, cosa que no es de extrañar, y terminó invitando al festín a sus cientos de amigos y parientes, pero por razones de exclusividad dicha teoría la dejamos por improbable. Otra hipótesis que me rondó la cabeza era que su cuerpo estaba intentando expulsar de si al mismísimo Cosne Sur Loire, pero no tengo bases científicas para confirmarlo así que va a ser que no será. Así que la hipótesis que a día de hoy se mantiene con más firmeza como la causa probable es la de una reacción tardía a un antibiótico que estuvo tomando la semana anterior.
Sea por lo que fuera la cuestión es que nos vimos un par de noches, no consecutivas (para no agobiar al personal de guardia), en las urgencias del hospital de Cosne, que afortunadamente está a tres minutos andando de casa (y además encontramos un atajo que reduce el trayecto a dos) y que afortunadamente, gracias a vivir en un pueblo de mie… enano, no estaba colapsado por montones de personas.
En conclusión y a modo de final feliz, el sábado por la mañana la reacción estaba controlada y pudimos seguir con nuestros planes de pasar el fin de semana en París, eso si, con una buena reserva de corticoides y antihistamínicos en la maleta.

Sucede que París en noviembre es el mismo París que en agosto, por ejemplo, pero con una gran diferencia de temperatura, a la baja claro. El resto sigue igual, turistas, bicicletas, gente que habla español, griegos rompiendo platos a la puerta de su restaurante y cositas por el estilo. Esta vez la ciudad volvió a ser para nosotros lugar de compras y museos.

En lo que a estos segundos se refiere visitamos el de Rodin. Que me era completamente desconocido y que pese a que me gustó bastante me pareció algo limitado en lo que a obra expuesta se refiere. De todas formas es un placer ver cosas tan interesantes como estas:


Una vez visitado el museo y con nuestras ansias turísticas aún sin completar fuimos al Panthéon. La verdad es que en principio nuestras intenciones pasaban más bien por Les Invalides que además nos pillaba al lado, pero el hecho de no saber seguro si era necesario pagar entrada nos empujó más hacia la otra dirección, que queréis que os diga pero no me apetece mucho pagar el pastón que suelen costar las entradas en París para ver la tumba de un corso bajito y con mala baba. Vaya que salimos ganando con el Panthéon de todas formas, vale que también está lleno de tumbas pero al menos los difuntos ahí son algo más interesantes, prefiero los Curie por ejemplo, claro que de todo hay, y al lado de Voltaire y Rousseau se puede encontrar a gente como Marat, conocido sanguinario (entre otras cosas vaya). De todas formas el mayor atractivo del edificio para mí, no son las criptas sino el Péndulo de Foucault y el propio edificio en sí. Claro que, cosas del destino, no pudimos disfrutar tanto como me hubiera gustado ni del uno ni del otro, no ya por temas de restauración, que suele pasar, sino por una impresionante puesta en escena llevada a cabo por el brasileño Ernesto Neto, el “Leviathan Thot”, que consistía en una serie de mallas de nylon colgadas desde lo más alto de las bóvedas y que colgaban hacia el suelo a distintas alturas formando sacos (o cojoncillos como parecían algunos) rellenos de bolitas de poliestireno o de arena. El resultado era realmente espectacular y curioso, como se puede ver aquí:


Cumplido el cupo de turismo por ese día procedimos con igual de entusiasmo o más (de hecho he generado una nueva adicta al cómic que empieza a notar como el vicio fluye por sus venas) a visitar las tiendas de bandes dessinées y a dejarnos una pasta gansa. Mis compras como no podía ser de otra forma fueron de lo más variado posible y las paso a enumerar por el simple hecho de informar y/o ocupar espacio, luego que cada uno le saque el uso que quiera a ello, que de todo hay en este blog. Así que consistieron en:
- Un tomaco enorme recopilando todas las historias del Little Nemo de Winsor McCay entre 1905 y 1914, por el irrisorio precio de 19.99 euros. Está editado por Evergreen y en realidad me lo compré el día antes en la tienda Taschen que hay en la Rive Gauche (tienda que curiosamente se salvó del apagón generalizado que hubo en Europa el sábado noche a eso de las diez, por escasos metros). Si alguien me puede explicar la diferencia entre este tomo y el de Peter Maresca que lo haga, yo encuentro dos, el tamaño de este es algo más reducido y el precio también (unos cien euros menos…).
- Période glaciaire de Nicolas de Crécy, coeditado por el museo del Louvre y Futuropolis.
- Dos tomitos de Manara, recopilando un par de historias cada uno. Por Albin Michel.
- Les héros ne meurent jamais, del tandem Dupuy et Berberian, de los que ya he devorado todos sus Mr. Jean. Por L’Association.
- Le tengû carré, de David B. Por L’Association (aunque mi idea original era comprar Le cheval blême, pero no lo encontré).
- Bardín le superrealiste, otro cómic de Max que voy a conocer en francés. Editado también por L’Associacion.
- Un americain en balade, de Craig Thompson (conocido por nosotros como Carnet de Voyage, cosas curiosas que pasan). Por Casterman. Y lo compré pese a que el dependiente se oponía a ello diciéndome que no merecía la pena. Pues lo mismo no la merece pero tengamos en cuenta dos cosas, primero que se que no es Blankets y se que me voy a encontrar algo que no tiene nada que ver y segundo que cada uno tiene sus gustos y no es lo mismo decir que “esto no me ha gustado” que “esto no te va a gustar” pero en fin que de sobradillos está el mundo lleno. Y que si al final no me gusta que sea por mis motivos y no por los de otro.
- Fraise et chocolat (nada que ver con el film del mismo título), de Aurélia Aurita (en serio se llama así, no es coña). Por Les impressions nouvelles. Y que también me fue desaconsejado pero que, orgulloso que es uno, terminé comprándolo sin más miramientos. A priori parece como poco curioso.
- La Perdida, de Jessica Abel. Por Delcourt. Que ya le tenía ganas yo a esta autora después de esperar que se yo cuanto tiempo la anunciada publicación de Mirror, Window (¿alguien sabe si se terminó publicando en España alguna vez?).
- Y para rematar el Jinx de Brian Michael Bendis. También por Delcourt. Que además es lo único que me quedaba por leer del Bendis pre-Marvel, que resulta ser el mejor Bendis.

Las compras de mi neófita fueron más discretitas pero también interesantes, a saber.
- L’epinard de Yukiko de Frédéric Boilet, medio aconsejado por mí. Editado por Ego Comme X.
- Y un tomo que recopila los cuatro primeros álbumes del autor Chabouté, Zoé, Sorcières, Pleine Lune y La Bête. Editado por Vents d’ouest. Tanto el autor como las obras me son desconocidas pero tiene muy buena pinta. Ahora resulta que no solo la pego el vicio sino que tiene buen ojo (y buen gusto…).

Después de un fin de semana como éste a uno se le queda muy buen rollito (algo así como cuando te ves Amelie) Y el lunes fue un poco menos lunes, y el martes, bueno, el martes ha sido como todos los martes, no vayamos a pasarnos ahora.