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lunes, mayo 26

Trabajando la piedra.

(Pour ceux qui ne parlent pas l’espagnol, les photos sont un peu plus en bas, juste après tout le brique de texte..., mais si vous voulez lire... bon courage !)

No tengo ni idea del origen de esta obsesión mía por las gárgolas, quimeras y otras decoraciones de la arquitectura gótica pero me quedo medio tonto (que con el otro medio que ya viene por defecto, hace un tonto entero...) cada vez que me encuentro con una iglesia, catedral o palacio cargado de estas obras.

Ahora además voy bien preparado, gracias a mi nueva cámara de fotos, y su pedazo de zoom, soy la desesperación de quien va conmigo de turismo por estos templos del mundo... soy capaz de tirarme una buena media hora dándole vueltas a una iglesia hasta haber fotografiado todas sus protuberancias, realmente desquiciante, lo reconozco, y aún más viviendo en Francia donde la mayoría de la arquitectura religiosa procede del gótico, y del más recargado encima. Pero bueno que me lo consienten así que no me quejo, y si no que no me hubieran regalado la cámara leñe... Pero bueno que le voy cogiendo el tranquillo y me doy bastante prisa.

Pero de todas formas el día que más disfruté fue hace poco cuando subí a las torres de Notre Dame de Paris... Anda que no hay, y anda que no son bonitas ni nada. Además es un gustazo eso de tenerlas al alcance de la mano. Que utilizar el zoom está muy bien, aunque solicita un tener un pulso impresionante (o un buen estabilizador óptico...), pero poder hacer las fotos al detalle no tiene precio.
Claro que antes de seguir toca hacer aclaración y cursito básico de arquitectura medieval y ya puestos un pelín de historia. Una Gárgola es el bichejo que sobresale de un edificio con la finalidad de verter aguas a la calle, además su nombre procede del francés gargouille, que a su vez viene de verbo gargouiller que viene a traducirse algo así como “hacer gárgaras”. Por el contrario la mayoría de figuras que se ven en la Catedral de Paris, y en tantas otras, no tienen esta finalidad por lo que no son realmente Gárgolas, en este caso se trata de Quimeras, y son simplemente figuras que representan animales mitológicos, personajes grotescos, diablillos y demás y que han sido colocados con motivo decorativo y/o supersticioso. En el caso de Notre Dame de Paris se las debemos a Viollet-le-Duc, y no datan del medioevo sino de mediados del siglo XIX cuando se restauró dicha catedral, al menos la gran mayoría de ellas.

De todas formas volvamos a la fotografía y dejémonos de detalles históricos del todo a 100. El día que subí a la galería de las Quimeras, no pude contenerme y me salieron fácilmente más de cien fotos de bicharracos haciendo muecas, en serio. Así que nada, en vez de ponerlas por aquí una por una o subirlas con más razón al FOTOLOG, he optado por hacer una bonita presentación de esas con musiquilla para irlas disfrutando, no están todas las que son pero son todas las que están, puede que se haga un poco largo, y eso que he conseguido reducir el número de fotos a la mitad, pero merece la pena. ¡Y no digo eso por que sea yo quien ha hecho las fotos!

Hale que os guste, darle al Play:








sábado, enero 27

Cosne Sur Loire, año 2 (…y medio).

Hay que fastidiarse que casi a finales de enero sea cuando se me ocurre pasarme por aquí para felicitaros el año. Pero por raro que quede así es. FELIZ AÑO…

Cuando aún estábamos en el 2006 yo me moría de ganas de coger unas vacaciones y pasarme unos días por mi Madrid para desconectar un poco de todo. Ahora esos días ya quedan en el pasado y reemprendo mi aventura francesa con ganas renovadas, con ganas y con el calendario en la mano calculando cuando será mi próximo viaje a la villa que me vio nacer.

Ahora en Cosne las cosas son distintas, cambian las caras, cambian las inquietudes, cambian los modos de ver y actuar en el trabajo. En fin que es exactamente lo mismo pero completamente distinto.

Pero volvamos a finales del año pasado, desde entonces hasta ahora mi intención fue la de escribir un pequeño artículo navideño desde Madrid, por eso de cambiar un poco de aires. Y luego, ya de regreso a tierras francesas escribir otro articulín más o menos parecido a este. Pero, entre lo que se pretende y lo que se termina por hacer, al final suele haber mucha diferencia. De todas formas yo cumplo y como se lo debía a alguien aquí estoy de nuevo frente al teclado.

Claro que llegado a este punto os daréis cuenta de que aún no he hablado de nada, así que para que no se diga ahí va una de breves resumiendo este último mes.

- En algún momento de principios del año alguien se pasó por este blog y el marcador llegó a la cifra de 5000 visitas, no es que sean muchas para lo que suelen ser los blogs pero a mi me vale, no se quien fue ni si llegó por casualidad, intencionadamente o por equivocación, pero que sepa que le ha tocado un no-premio.

- Actualmente ando sumergido en un par de lecturas, por un lado el Little Nemo de McCay, en su versión de Taschen no la de Maresca (es decir, 19 euros, no 120) y la verdad es que da para mucho tema, y eso que me lo estoy leyendo en francés. Tendré que dedicarle todo un artículo.
La otra lectura se me está haciendo un pelín más pesada, se trata de Al sur de la frontera, al oeste del sol de Haruki Murakami, y pese a ser un libro pequeño me está costando horrores acabar con él, y ya hace un mes que lo empecé.

- En la semana que pasé en Madrid me dio tiempo, como no podía ser de otra forma, a comprar un poco de vicio en castellano. Me contuve lo máximo y me centré en los nuevos tomos de Fables, Y, the last man y Supreme Power, y picoteé con alguna cosilla a la que tenía ganas como WE3 y el tomo de I602, que aún no he leído. De todo ello pocas decepciones, el tomo de Y un poco flojo, los de Fables muy bien pero me cabrea tener que leerme dos veces la misma historia gracias a genialidades editoriales. Eso si el WE3 me gustó bastante, Morrison en su línea de siempre y Quitely creando algunas de las viñetas más impactantes y explícitas que he visto en mucho tiempo.

- En esa semana Madrileña tuve tiempo de hacer muchas cosas, pero como siempre otras muchas quedaron por hacer, siento no haber visto a quien no vi, siento no haber pasado más tiempo con quien no estuve lo suficiente y siento no haber pasado más tiempo con quien pasé más tiempo. En breve volveré a pasarme por allí y volveré a intentar lo imposible.

- Ahora he cogido un poco más el tranquillo a las películas en francés y voy un poco más al cine. Antes de navidades tocó Arthur y los Minimoys, la última de Luc Besson y por un lado al ser más bien para niños no me costó mucho seguir el idioma y por el otro al ser para niños y pese a estar muy bien hecha no me dijo mucho, pero vaya, tampoco me aburrí.
Por otro lado hace una semana fui a ver El laberinto del Fauno, me gustó bastante, claro que se me hizo bastante raro escuchar a Ariadna Gil, Maribel Verdú o Alex Angulo con sus voces dobladas en francés. Eso sí, la gracia estuvo en ver como Sergi López se doblaba a si mismo, ya que resultaba un poco como escucharse a uno mismo hablando en francés, los mismos dejes, los mismos recursos… ese acento…

- En Madrid tenía la intención de ver un par de filmes pero al final nada de nada, lo que no perdoné fue el musical de Nacho Cano, Hoy no me puedo levantar. Increíble, iría a verlo todas las semanas, unas cuatro horas de buena música y buenos recuerdos. Lo vimos desde la última fila del último anfiteatro pero pese a ello ningún problema de visibilidad y se escuchaba perfectamente, además aprovechando que detrás nuestro no teníamos a nadie nos pasamos prácticamente todo el musical de pié cantando y bailando. Parecía más un concierto que otra cosa. Rematamos la jornada tomándonos unos mojitos en un garito cubano de Plaza España que tenía un propietario de lo más curioso y peculiar. Un día redondo, claro que coincidía que era el 25 de diciembre.

- Volviendo a Cosne de nuevo y al trabajo en consecuencia, hace unas semanas decidí agarrar el toro por los cuernos y sentarme delante del jefazo y ponerle las cosas claras, no me reconozco ni yo pero bueno tenía que hacerse y lo hice, los frutos caerán en breve por un lado este año pasaré una formación en temas de Neurología y por el otro de aquí a dos o tres semanas tendré mi “entretien” sobre mis objetivos y pretensiones dentro de la clínica, es decir que a pedir un aumento tocan…(entre otras cosas vaya). Las cosas se van moviendo aunque sea poco a poco.

- Para acabar este “pequeño” articulo solo decir que pese a tener un recuadro en la columna de la derecha que permite traducir instantáneamente el blog al francés o inglés dicho recuadro no funciona, ni ha funcionado nunca en realidad, así que debido a la insistencia por parte de mi publico francófono en breve o bien encuentro otra herramienta de traducción que funcione o bien comienzo a publicar en bilingüe, es decir el articulo que hoy escriba en español mañana (o pasado…) aparecerá también en francés. Doble de trabajo implica que me voy a volver el doble de vago, ya veréis, pero en fin que la intención es lo que cuenta. De todas formas si mañana esto aparece doblado al francés que no os extrañe ni un pelo, eso sí el acento… no será el mismo.

martes, noviembre 7

Otra vez noviembre?

Bueno la semana pasada, y pese a que había cogido un buen ritmo de escritura, por una razón o por otra terminé por no escribir nada por aquí.
Una razón era la de siempre, eso de que soy algo perezosillo y no me pilló muy bien ponerme a ello. Y la otra era la del pica y rasca, nada que ver con los rasca y gana, sino más bien por eso de las reacciones cutáneas, si hace unos meses me toco a mí ahora ha sido a mi compañera, claro que a día de hoy las causas por las que llegó a ello son desconocidas y nada tienen que ver con las de la otra vez. Por un lado manejamos la hipótesis de que fuera producto de la picadura de un bicho que la encontró de buen gusto, cosa que no es de extrañar, y terminó invitando al festín a sus cientos de amigos y parientes, pero por razones de exclusividad dicha teoría la dejamos por improbable. Otra hipótesis que me rondó la cabeza era que su cuerpo estaba intentando expulsar de si al mismísimo Cosne Sur Loire, pero no tengo bases científicas para confirmarlo así que va a ser que no será. Así que la hipótesis que a día de hoy se mantiene con más firmeza como la causa probable es la de una reacción tardía a un antibiótico que estuvo tomando la semana anterior.
Sea por lo que fuera la cuestión es que nos vimos un par de noches, no consecutivas (para no agobiar al personal de guardia), en las urgencias del hospital de Cosne, que afortunadamente está a tres minutos andando de casa (y además encontramos un atajo que reduce el trayecto a dos) y que afortunadamente, gracias a vivir en un pueblo de mie… enano, no estaba colapsado por montones de personas.
En conclusión y a modo de final feliz, el sábado por la mañana la reacción estaba controlada y pudimos seguir con nuestros planes de pasar el fin de semana en París, eso si, con una buena reserva de corticoides y antihistamínicos en la maleta.

Sucede que París en noviembre es el mismo París que en agosto, por ejemplo, pero con una gran diferencia de temperatura, a la baja claro. El resto sigue igual, turistas, bicicletas, gente que habla español, griegos rompiendo platos a la puerta de su restaurante y cositas por el estilo. Esta vez la ciudad volvió a ser para nosotros lugar de compras y museos.

En lo que a estos segundos se refiere visitamos el de Rodin. Que me era completamente desconocido y que pese a que me gustó bastante me pareció algo limitado en lo que a obra expuesta se refiere. De todas formas es un placer ver cosas tan interesantes como estas:


Una vez visitado el museo y con nuestras ansias turísticas aún sin completar fuimos al Panthéon. La verdad es que en principio nuestras intenciones pasaban más bien por Les Invalides que además nos pillaba al lado, pero el hecho de no saber seguro si era necesario pagar entrada nos empujó más hacia la otra dirección, que queréis que os diga pero no me apetece mucho pagar el pastón que suelen costar las entradas en París para ver la tumba de un corso bajito y con mala baba. Vaya que salimos ganando con el Panthéon de todas formas, vale que también está lleno de tumbas pero al menos los difuntos ahí son algo más interesantes, prefiero los Curie por ejemplo, claro que de todo hay, y al lado de Voltaire y Rousseau se puede encontrar a gente como Marat, conocido sanguinario (entre otras cosas vaya). De todas formas el mayor atractivo del edificio para mí, no son las criptas sino el Péndulo de Foucault y el propio edificio en sí. Claro que, cosas del destino, no pudimos disfrutar tanto como me hubiera gustado ni del uno ni del otro, no ya por temas de restauración, que suele pasar, sino por una impresionante puesta en escena llevada a cabo por el brasileño Ernesto Neto, el “Leviathan Thot”, que consistía en una serie de mallas de nylon colgadas desde lo más alto de las bóvedas y que colgaban hacia el suelo a distintas alturas formando sacos (o cojoncillos como parecían algunos) rellenos de bolitas de poliestireno o de arena. El resultado era realmente espectacular y curioso, como se puede ver aquí:


Cumplido el cupo de turismo por ese día procedimos con igual de entusiasmo o más (de hecho he generado una nueva adicta al cómic que empieza a notar como el vicio fluye por sus venas) a visitar las tiendas de bandes dessinées y a dejarnos una pasta gansa. Mis compras como no podía ser de otra forma fueron de lo más variado posible y las paso a enumerar por el simple hecho de informar y/o ocupar espacio, luego que cada uno le saque el uso que quiera a ello, que de todo hay en este blog. Así que consistieron en:
- Un tomaco enorme recopilando todas las historias del Little Nemo de Winsor McCay entre 1905 y 1914, por el irrisorio precio de 19.99 euros. Está editado por Evergreen y en realidad me lo compré el día antes en la tienda Taschen que hay en la Rive Gauche (tienda que curiosamente se salvó del apagón generalizado que hubo en Europa el sábado noche a eso de las diez, por escasos metros). Si alguien me puede explicar la diferencia entre este tomo y el de Peter Maresca que lo haga, yo encuentro dos, el tamaño de este es algo más reducido y el precio también (unos cien euros menos…).
- Période glaciaire de Nicolas de Crécy, coeditado por el museo del Louvre y Futuropolis.
- Dos tomitos de Manara, recopilando un par de historias cada uno. Por Albin Michel.
- Les héros ne meurent jamais, del tandem Dupuy et Berberian, de los que ya he devorado todos sus Mr. Jean. Por L’Association.
- Le tengû carré, de David B. Por L’Association (aunque mi idea original era comprar Le cheval blême, pero no lo encontré).
- Bardín le superrealiste, otro cómic de Max que voy a conocer en francés. Editado también por L’Associacion.
- Un americain en balade, de Craig Thompson (conocido por nosotros como Carnet de Voyage, cosas curiosas que pasan). Por Casterman. Y lo compré pese a que el dependiente se oponía a ello diciéndome que no merecía la pena. Pues lo mismo no la merece pero tengamos en cuenta dos cosas, primero que se que no es Blankets y se que me voy a encontrar algo que no tiene nada que ver y segundo que cada uno tiene sus gustos y no es lo mismo decir que “esto no me ha gustado” que “esto no te va a gustar” pero en fin que de sobradillos está el mundo lleno. Y que si al final no me gusta que sea por mis motivos y no por los de otro.
- Fraise et chocolat (nada que ver con el film del mismo título), de Aurélia Aurita (en serio se llama así, no es coña). Por Les impressions nouvelles. Y que también me fue desaconsejado pero que, orgulloso que es uno, terminé comprándolo sin más miramientos. A priori parece como poco curioso.
- La Perdida, de Jessica Abel. Por Delcourt. Que ya le tenía ganas yo a esta autora después de esperar que se yo cuanto tiempo la anunciada publicación de Mirror, Window (¿alguien sabe si se terminó publicando en España alguna vez?).
- Y para rematar el Jinx de Brian Michael Bendis. También por Delcourt. Que además es lo único que me quedaba por leer del Bendis pre-Marvel, que resulta ser el mejor Bendis.

Las compras de mi neófita fueron más discretitas pero también interesantes, a saber.
- L’epinard de Yukiko de Frédéric Boilet, medio aconsejado por mí. Editado por Ego Comme X.
- Y un tomo que recopila los cuatro primeros álbumes del autor Chabouté, Zoé, Sorcières, Pleine Lune y La Bête. Editado por Vents d’ouest. Tanto el autor como las obras me son desconocidas pero tiene muy buena pinta. Ahora resulta que no solo la pego el vicio sino que tiene buen ojo (y buen gusto…).

Después de un fin de semana como éste a uno se le queda muy buen rollito (algo así como cuando te ves Amelie) Y el lunes fue un poco menos lunes, y el martes, bueno, el martes ha sido como todos los martes, no vayamos a pasarnos ahora.

domingo, octubre 29

Carnets de voyage (III...): Lyon.

Entre todas las ciudades de Francia, la que sigue a Paris en importancia es Lyon, y en tamaño la tercera detrás de la capital y Marseille. Capital de la región del Ródano-Alpes tiene la cualidad de ser bañada por dos ríos, el Rhône y el Saône, lo que produce dos colinas, la de la Fourvière y la de la Croix-Rousse. Pero vaya que para datos técnicos “Le Petit Larousse” yo prefiero tirar por lo interesante y lo curioso. Así que voy a empezar con lo interesante, aquello que se debe visitar de la ciudad, y luego pasaré a la parte de curiosidades.

Quizás la principal atracción de Lyon a nivel turístico sea la zona conocida como “Vieux Lyon” que está colgado en la ladera de la colina de la Fourvière que da al Saône. La panorámica que proporciona de noche con todos sus monumentos iluminados es impresionante

Ahí tenemos la Catedral de St-Jean, que tiene un reloj astronómico que aún no he visto funcionar.

La basílica de Notre-Dame de Fourvière, de un recargado que asusta, y más aún en su interior lleno al milímetro de mosaicos y marmolazo.

Y la Tour Metallique, que es una reducida imitación de aquella algo más famosa de París, teniendo la función de ser el repetidor televisivo local, el repetidor televisivo local, el repetidor televisivo local.
Otro aliciente de la zona es la senda, conocida como “Jardin du Rosaire” que baja desde la basílica hasta casi la catedral y que ofrece unas vistas increíbles de la ciudad. Por el contrario para subir a toda esta parte se recomienda coger el teleférico, que si no se puede hacer muy duro el ascenso.


Mención aparte merecen los teatros romanos que también cuelgan en esta ladera.

Uno de ellos en uso aún para conciertos y otros espectáculos como tuvimos la suerte de comprobar. Sucede que el fin de semana que estuve allí, en mi segunda visita a la ciudad, eran las “journées du patrimoine” y en dichos anfiteatros, al igual que en que hay en la Croix-Rousse, se recreaba la época de la invasión romana (como se puede deducir por la existencia en la ciudad de teatros romanos, Lugdunum no fue uno de los pueblos que resistió la invasión, sino que más bien fue fundada por ellos, así que no, aquí no había irreductibles galos). En fin que una de las atracciones eran unos individuos disfrazados de legionarios, (más bien de centuriones, pero en fin…) dándose paseos arriba y abajo, como ya habréis deducido por la foto anterior, para el que no lo ha visto le amplío la imagen, que no tiene pérdida.

Y en el otro anfiteatro, y con un poco más de gusto cultural, estaba programado un concierto de música celta, claro que lo que escuchamos fue más bien música tradicional irlandesa, pero mereció la pena pese a todo.


Una vez visitada esta zona podemos cruzar el Saône, digamos por ejemplo, por el Pont Bonaparte, y entraremos en el barrio conocido como la Presqu’île que es en realidad una estrecha franja comprendida entre los dos ríos. El punto central de esta parte es la Place Bellecour, una enorme explanada con una igualmente enorme estatua de Luis XIV, que mi me sigue pareciendo más bien un emperador romano, cosas de los franceses vaya.

Si tomando esta plaza callejeamos hacia el sur, dirección Place Carnot, pasaremos por las calles donde se aglomeran los famosos Bouchons que son pequeños restaurantes de cocina francesa muy típicos de la ciudad que amontonan sus mesas y comensales como si el espacio fuera oro.
Claro que si por el contrario nos dirigimos hacia el norte llegaremos a la Place des Terreaux, con una imponente fuente obra de Bartholdi, más conocido por ser el autor de la Estatua de la Libertad.

En esta plaza además, y facilitando las cosas al turista minimizando sus desplazamientos, está el Ayuntamiento del siglo XVII y el Museo de Bellas Artes que antiguamente era un convento del mismo siglo, y justo detrás del Ayuntamiento tenemos la Ópera de corte más moderno y que como lo moderno asusta quizás por eso generó tanta polémica. Yo dejo la foto y el que quiera que opine, a mí la verdad es que me da un poco igual.


Siguiendo hacia el norte tenemos la colina de la Croix-Rousse, que era el barrio obrero de Lyon y centro más importante de la industria de la seda del siglo XV. Como sucede con todos los barrios que están en una colina las calles están en pendiente hacia arriba cuando se suben y hacia abajo cuando se descienden, todo sea por no desafiar las leyes físicas más elementales.

A destacar por aquí el Amphiteâtre des Trois Gaulles y la Place Colbert desde la que parte un jardín en pendiente (curioso ¿verdad?), con vistas al Rhône.

Todo este conjunto de barrios, calles, plazas, jardines y monumentos que vengo de enumerar forma parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Fuera de lo patrimoniable, Lyon ofrece una ciudad más moderna en la que además de los metros y autobuses hay un par de tranvías que la recorren sin peligro de resultar antiestéticos para el turismo. La zona más conocida de este Lyon actual es la Part-Dieu, en la que se erige la desproporcionada Torre del Credit-Lyonnais que sigue poniendo en evidencia ciertos complejos de los franceses.


Como zona verde, Lyon cuenta con el Parque de La Tête D’or, que son unas 10 hectáreas de arbolitos y demás a orillas del Rhône, a decir verdad no lo conozco, no me dio tiempo a tanto. Así que no voy a decir mucho al respecto.

Dando grandes pinceladas esto es lo más destacable de la villa a la hora de hacer turismo, o al menos lo que más me gustó a mi.

Así que ahora y sin más dilación daré paso al anecdotario y a los datos curiosos.

Y nada mejor para empezar que lo curioso que me resulta que en las dos ocasiones que he visitado la ciudad me haya costado dios y ayuda llegar al hotel. La primera vez sobre todo debido al cansancio acumulado por las horas de ruta que llevábamos en el cuerpo (que desde Strasbourg a Lyon hay una tiradita y más si aprovechas para ver las friburguesas, las casas chulas de Besançon y comprar mostaza en Dijon). Y la segunda porque la Peripherique Lyonnaise me la jugó y se me pasó la salida correcta, y luego fue toda una odisea conseguir orientarse, y más cuando no se tiene un plano de la villa.
Siguiendo con el tema viaje, curioso es que para ir se empleen cinco horas, entre Cosne y Lyon, mientras que para hacer el camino inverso solo haga falta poco más de tres. Claro que lo mismo el hecho de que cayera una tormenta increíble mientras íbamos tuvo algo que ver. Eso y el ya comentado problema para encontrar el punto de destino y reposo.
Y para rematar el tema coche solo apuntar que en esta ciudad deben estar un poco salidos ya que todos los automóviles de Lyon cuentan con un 69 en sus matrículas (tenía que decirlo, mi humor no cambia).

Otro dato a tener en cuenta es que uno de los franceses más respetables de todos los tiempos es de origen Lionés, como bien me recuerda en cada ocasión alguien que yo se. Hablo de Antoine de Saint-Exupéry,

que es conocido sobre todo por su obra “Le petit prince” pero también por ser uno de los pioneros de la aviación. Lo que por el contrario es desconocido es gran parte de aquello que rodeó a su muerte ya que, si bien actualmente casi se puede afirmar que tuvo lugar en los alrededores de Marseille (se han encontrado restos de su avión que así lo demuestran), lo que no se ha podido averiguar nunca son las causas de su accidente. Pero así es como se forjan las leyendas.

En lo que a turismo gastronómico se refiere, como ya he mencionado lo más típico de la zona son los Bouchons, así que como está mandado en esta última vez que he estado, el viernes por la noche comimos algo de comida rápida, ya que debido a lo tarde que era no había más elección. El sábado para comer elegimos un mini restaurante de evocaciones yanquis donde degustamos una ensalada y una pizza.

Para cenar ese mismo día elegimos un japonés porque nos apetecía y porque le estamos cogiendo gusto. Ya el domingo tiramos más para lo coherente y entramos en uno de los tan traídos Bouchons, y a decir verdad no me dijo nada el asunto, mucho ruido y pocas nueces (si es que lo mejor es alejarse de lo “turístico”). Cierto es que la primera vez que estuve cenamos en una terracita en la que nos ofrecían un cubo de mejillones con salsa a elegir, patatas fritas a voluntad y una cerveza por algo así como nueve euros, pero en esta segunda ocasión fui incapaz de encontrar el sitio por más que lo busqué.
También queda como dato curioso que la noche del sábado después de tomarnos un par de cafés irlandeses en un garito interesante pero completamente vacío y con la música algo alta, nos cobraron por ambos nada más y nada menos que 18 euros. Con lo que se nos quedó cara de tontos y ganas de quemarle el garito al energúmeno.

También se me quedó grabada esta escultura que había en el patio del Museo de Bellas Artes

y que aunque parece que representa a un individuo al que le ha atrapado el pie un pulpo, en realidad representa a un individuo al que le ha atrapado el pie un pulpo, curioso ¿verdad? (en fin, otra de las mías, ya lo dejo ya…).


Y ya como remate de las curiosidades prestad atención a esta foto

se trata de la fuente de la Place de la Republique, que de por sí no está nada mal, pero el colorcillo del agua deja mucho que desear, vale que esta coloración se debiera a eso de las jornadas del patrimonio, pero prefiero no imaginarme a que parte del patrimonio francés hace honor, ni lo que pretende evocar. A ver si para la próxima dedican un par de minutos más a elegir el color para sus chorros.

Pues esto es Lyon, o al menos mi visión de Lyon, una ciudad interesante. Lástima que tenga un pero, y es que una vez visitado todo lo que hay que visitar te quedas con la impresión de no haber visto nada nuevo, de haber visto ya todo eso en otro sitio. Es decir, la basílica de la Fourvière es un sosías del Sacre-Coeur, la Tour Metallique es evidentemente una mini réplica de la de Eiffel, la Gare de Brotteaux (muy cerca de la Part-Dieu) tiene un aire al actual Museo d’Orsay, esa enorme torre que mira despectiva el resto de los bajos tejados de la ciudad es prima hermana de la de Montparnasse, incluso el edificio del ayuntamiento lionés tiene un gemelo parisino y seguramente muchos primos hermanos en múltiples ciudades francesas. Por otro lado y haciendo comparaciones más lejanas las callejuelas de la Croix-Rousse me recordaron mucho a aquellas carrers alrededor del Parque Güell de Barcelona. Todo esto solo son ejemplos que me llevan a la conclusión de que Lyon es una ciudad bonita y con mucho que ver, pero que no me resulta en absoluto un lugar original.
Todo tiene sus pros y sus contras. Y si no visitadla y ya me contaréis.

domingo, septiembre 10

Carnets de voyage (II…): París

Intentar a estas alturas hacer una descripción aproximativa de la ciudad de la luz resultaría tan complicado como lo sería hacerlo de cualquier otra gran ciudad. París por su condición de capital europea de referencia es universal, multicultural, multiconceptual, vaya que es muy grande.
Pese a que actualmente vivo en un pueblecito, el que tuvo retuvo y aunque lo intentara nuca dejaré de ser un urbanita. Ciertamente Paris no es Madrid, de eso no cabe ninguna duda, pero pese a todo cada vez que estoy por allí me gusta verme desenvolverme con soltura, y me siento a gusto, en mi salsa.
Nunca pretenderé hacer una comparativa entre las dos capitales, todos mis años de madrileño pesarían mucho y la balanza se desequilibraría fácilmente. Y con razón además.
De todas formas París me atrae, será la añoranza del bullicio, del metro, de la animación por las calles, del abanico cultural, de todo eso de lo que carecen los pueblecines como este en el que vivo. No obstante no hay que olvidar que toda gran ciudad a la larga quema y no se cuanto tiempo sería capaz de aguantar viviendo en París como si que se que en Madrid aguantaría toda mi vida sin problemas (y lo haría si las condiciones laborales me lo permitieran) quizás gracias a mi condición vitalicia de Madrileñito, así que deduzco que para sobrevivir en París debería ser un Parisito más y eso solo se consigue en el momento de poner pie en este mundo.
Pero, ¿Cuáles son los motivos de esa atracción que siento hacia París? Enumeremos:

Los 10 motivos de Jorge para querer París:

1. El Sacre Coeur de noche, y digo bien “de noche” porque visto de día no es más que un enorme pastel rosado sobre un montículo que resulta bastante ridículo. En cambio cuando caen las sombras y se enciende su iluminación resulta realmente impresionante

Su fachada, sus cúpulas y sus gárgolas parecen hechas expresamente para ser disfrutadas bajo esa luz artificial. Por dentro tampoco está nada mal, pero no deja de ser como el resto de templos católicos, lleno de santos, sillas y con un órgano enorme.
Otro de sus atractivos son las vistas, debido a su emplazamiento, en lo más alto de Montmartre, se aprecian unas panorámicas increíbles de toda la ciudad, quedando a nuestros pies las famosas escalinatas de La Square Willette, de las más importantes y grandes del mundo pero que por desgracia solo están abiertas al público de día.

2. La Rive Gauche, posiblemente el sitio más agitado de toda la ciudad. Partiendo de la plaza de Saint-Michel,

punto de rendez-vous para cientos de personas, tenemos un entramado de calles, avenidas y callejones entre los bulevares de Saint-Michel y Saint-Germain llenas de pequeños restaurantes, tiendas interesantes como la de Taschen u otras llenas de obras de arte o simplemente curiosidades. Mención a parte merece la rue Dante y por eso será mi tercer punto de la lista.
Lo mejor de este quartier es la multinacionalidad que se ve. Después de año y pico viviendo en Francia no creo que a nadie le extrañe que en mis viajes por dicho país no busque forzosamente restaurantes de cocina autóctona, y este barrio te permite sin andar mucho elegir entre especialidades culinarias de cinco continentes diferentes.
El hecho de que la Sorbonne

se encuentre ubicada aquí posiblemente sea una de las causas principales de la gran animación que se ve por las calles, como ocurre en todos los ambientes universitarios.
Además de todo esto hay que añadir que dicho barrio tiene en sus puntos cardinales al norte el Sena y Notre-Dame,

al este el Panteón,

al oeste el Museo de Orsay

y al sur el Parque de Luxemburgo

que viene a ser algo así como el Retiro parisiense, y donde puede uno tirarse en el césped tranquilamente a comerse un falafel.
Por cierto, en París y sobre todo entre estas calles se comprueba fácilmente que la lengua más escuchada es el castellano, por un lado supongo que porque los franceses siempre hablan muy bajito y por el otro porque siempre hay un buen montón de españoles o hispano-hablantes que o bien viven ahí o que están simplemente de visita.

3. La Rue Dante, dentro de dicha rive Gauche yo siento una especial querencia y atracción por esta calle y por un par de aledañas. A los pies de la Sorbonne se encuentra la mayor aglomeración de tiendas de comics de París. La mayoría de ellas especializadas según géneros y las otras un poco cajón de sastre. A destacar la cadena Album (publicidad by the face...) que contando con unas tres tiendas en la zona hacen difícil que no se pueda encontrar algo en concreto (difícil pero no imposible…). Pero si hay algo que realmente hay que remarcar es que por razones que desconozco estas tiendas abren en su mayoría los siete días de la semana, al contrario que el resto de tiendas, como por ejemplo las de ropita, para desesperación de alguna que yo me se.
En vez de poner fotos de la zona (que no tengo vaya) os dejo un link a una página que habla también del tema, eso creo, y que si que tiene fotos. Y digo que eso creo porque mi polaco es muy limitadito, más o menos se reduce a “Dobranoc” y “do widzenia”. El link es ESTE.

4. La Victoria de Samotracia, no se que tiene ese cacho de mármol pero me gusta. Se deberá en parte seguramente a lo que deja de libre a la imaginación, ya que la recreación mental de dicha estatua que se puede hacer uno es increíble, al menos la mía lo es, claro que yo, a veces, me paso de imaginación. Pero se deberá también en parte a la posición tan acertada de la que goza dentro del museo del Louvre.

De todas las obras de arte de dicho museo, que todo sea dicho, no son pocas, realmente me quedo con ésta. Y aclaro que la pongo por delante de otras que posiblemente sean más conocidas como la Venus de Milo o telas tan renombradas como La balsa de la medusa, La coronación de Napoleón, Las bodas de Caná, o ese pequeño (77x53cm) óleo que hay enfrente de ésta última y delante del cual se amontonan cientos de personas pero que a mi personalmente me deja bastante frío. Me refiero evidentemente a La Gioconda, que pese a ser un pedazo obrón de arte mucho me temo que lo estemos supravalorando (el hecho de que lo visiten al año unos seis millones de personas ya lo dice todo).
La verdad es que el museo no solo está lleno de obras de arte sino que además ya de por sí el propio edificio es una de ellas. Pero una cosa que quede clara, hay que verlo con calma y para eso son necesarios varios días, que no solo es cuestión de visitarlo sino de asimilarlo.

5. El Sena, hay que reconocer que en lo que a ríos se refiere la capital francesa se impone a la española y con diferencia. Y es que tener un buen río es importante para cualquier ciudad, en lo que a descongestión, clima y estética se refiere.

Este en concreto cuenta entre sus principales atractivos con sus numerosos puentes la mayoría bastante bonitos (excepto el Alexandre-III, demasiado recargado a mi gusto) y animados, sobre todo los peatonales. Otro de sus atractivos son los innumerables puestecitos colgados en los márgenes de ambas orillas y donde se pueden encontrar recuerdos, postales, posters, libros, comics, y demás rarezas tanto turísticas como frikis, fetichistas o simplemente de colección. A mi lo único que me falta de momento es navegarlo, pero dadme tiempo.

6. Esas más de 10.000 toneladas de hierro y bulones, que todo el mundo conoce como Torre Eiffel y que ponen en evidencia cierto complejo físico de los franceses.

A mí desde pequeñito y sin saber muy bien porque razón me ha encantado siempre andar subiéndome a todo lo que podía. Así que la primera vez que visité Paris, con algo así como seis o siete años, hice todo lo que pude por llegar a lo más alto, y al final lo conseguí, claro que tuve que ceder una parte de mis ansias y finalmente accedí a hacerlo mediante los ascensores y no a pie como pretendía (curiosamente eso se ha vuelto tradición y siempre he seguido subiendo así…), y claro tampoco me dejaron subirme a la antena y me quedé donde el resto del mundo.
Merece la pena subir sus 300 metros y disfrutar de las vistas que ofrece de la ciudad.

Pero sin duda la mejor hora para hacerlo es cuando empieza a atardecer y ver como la luz natural comienza a ser reemplazada por la artificial que pretende frenar la oscuridad de la noche.
Eso sí como dato curioso tengo que decir que las mejores vistas de la ciudad no son las que ofrece esta torre sino las de otra, un poco más baja pero que desde su piso 56 ofrece una panorámica de 360 grados de todo París, incluyendo la propia Torre Eiffel, se trata de la Torre de Montparnasse.

Y si no comparad vosotros mismos.

7. Los medios de locomoción, no es raro en París cruzarse con familias enteras de seis u ocho miembros paseando en patines o en bicicleta. O un padre en patinete acompañando a su hijo patinador (o viceversa…). Ya de por si que tengan carril-bici en gran parte de la ciudad es todo un mérito (aunque no llegue al nivel que Berlín la verdad). Ciclistas, patinadores, y demás se ven por doquier y no causan en ningún momento sorpresa. Los conductores están completamente acostumbrados a ello y todo el mundo se desenvuelve con naturalidad.

Si a estos medios le añadimos el metro, el RER, los autobuses e incluso el funicular, contamos con un gran abanico de posibilidades que permiten dejar el coche aparcado. Y eso es importante, sobre todo teniendo en cuenta lo mal que se conduce en París y lo mal y violento que conducen los parisinos por lo que no es nada recomendable arriesgarse a entrar en la ciudad con el coche. El que avisa… ya sabéis…

8. La proximidad, porque no nos engañemos, el punto de Francia más cercano a Madrid (que es lo que a mi me interesa vaya…) es y será siempre París gracias al avión.

Y es que desplazarse en coche siempre es una opción, sobre todo si hay que transportar muchas cosas, pero hay que contar con un mínimo de siete horas para unir la capital española con el punto más cercano de la frontera francesa. Bien es cierto que los aeropuertos parisinos no son los únicos que ofertan vuelos a Madrid pero sin duda son los que lo hacen con más frecuencia y a mejor precio.

9. Su “andabilidad”, ya sea por las orillas del Sena, por sus grandes bulevares

o sobre todo por los Campos Elíseos o los de Marte, París invita a andar, de hecho cada vez que voy procuro en la medida de lo posible recorrer todo lo que pueda a pie. Y tanto empeño pongo en ello que me suelo ganar ampollitas en los pies con bastante facilidad.
Y no solo es que me guste ponerme a andar es que no hay forma mejor para ir conociendo, familiarizándose y descubriendo una ciudad que pateársela poco a poco.

10. Amelie Poulain, a la que todavía no he encontrado pero que no dudo que terminaré haciendo.

Eso sí, mientras la busco, aprovecho y sigo descubriendo rincones de la ciudad y motivos para que me guste. Quien sabe, lo mismo la vida me empuja algún día hacia ella y la tengo que adoptar como mi segunda ciudad.

Y ahora y para quien se lo esté preguntando diré que no voy a hacer en ningún momento y a modo de réplica ningún listado de los diez motivos por los que Madrid es la ciudad por excelencia e insuperable. Primero porque no hay diez motivos sino diez mil y segundo porque Madrid lo es, y punto pelota.
;)

miércoles, julio 19

Conspiraciones aéreas.

Algo o alguien se ha propuesto hacerme la vida imposible a la hora de desplazarme entre Cosne y Madrid. Mis problemas ya comenzaron con mi famoso DNI caducado y lo complicado que resultaba obtener el pasaporte desde Francia. Posteriormente no se me ocurrió otra cosa que agarrarme una varicela días antes de tener que tomar un avión convirtiéndome en “persona de alto riesgo de contagio”.

Pero lo que pasó el pasado viernes, día en que comenzaba mis vacaciones de julio no tiene nombre, bueno, si lo tiene, PUTADA. Unas semanas antes el SEPLA anunció una huelga que afectaría a un buen montón de vuelos de IBERIA, así que empecé a realizar una serie de largas y duras investigaciones y a pocos días del vuelo averigüé que no figuraba entre los cancelados y que funcionaría con normalidad, por el momento. Yo como no me fiaba un pelo a partir de ese día me puse como ritual el confirmar que mi vuelo no figuraba en la lista negra de vuelos anulados. Finalmente y a tres días de partir de Cosne la huelga fue desconvocada y yo pude respirar más tranquilo.
De esta forma llegamos al jueves, víspera del vuelo y día escogido para acercarme a la estación de tren para comprar mi billete a Paris. Debido a la fiesta del 14 de Julio en Francia, esa de la “pastilla” que dicen por ahí, el tren de las 6:30 no iba a circular con lo que ya llevaba unos días resignado a tener que viajar a las 4:30 de la madrugada con las consiguientes horas de espera posteriores en el aeropuerto. Pero quiso la casualidad que debido a obras en el trayecto dicho tren también estuviera anulado. Esto me dejo con las limitadas opciones de coger un tren esa misma tarde, tren que salía en un par de horas escasas, y hacer noche en París, o coger el coche de mi compañera y aparcarlo en el aeropuerto. Finalmente y con el amor que le tengo yo a los coches opté por la opción de la carretera.
El problema de dicha opción es que tenía trampa. La idea era dejar el coche en el parking del aeropuerto y como mi compañera llegaba a Paris al día siguiente lo cogería y se bajaría a Cosne con él, previa entrega de llaves en Madrid. Bueno para todos ¿no? Lástima que mi vuelo saliera del Charles de Gaulle y el suyo llegaba a Orly. Pese a todo era una buena opción y lo único que tenía que hacer era dejarle el coche en su aeropuerto y luego subirme yo al mío en el transporte público parisino.

Dicho y hecho, el viernes salí de Cosne a las siete de la mañana y aparqué en París a poco más de las nueve. Posteriormente cogí el Orlyval, que es una especie de lanzadera que comunica las dos terminales del aeropuerto de Orly entre si y a ambas con la red de cercanías parisina (el RER), y luego uno de esos RER hasta mi aeropuerto tras aproximadamente una hora y media llegué a mi destino. La gracia de esto estuvo en que me equivoqué al seleccionar el billete y solo era válido hasta el final de la lanzadera, posteriormente no encontré máquinas para comprar el resto del billete así que con las mismas me arriesgué y continué mi viaje. La mala suerte fue que justo antes de llegar a mi parada, y última de la línea además, aparecieron silenciosos cuales ninjas un pelotón de revisores pidiendo billetes a diestro y siniestro, cuando uno me pidió el billete y antes de que me dijera nada, yo puse mi mejor cara de pena y le explique mi error, a lo que él me contestó que si y que le pagara los ocho euros correspondientes. La buena suerte fue que yo solo tenía un billete de veinte y que el no tenía cambio, así que tras preguntar a sus compañeros por si ellos tenía para cambiarle, me puso su mejor cara de mala leche y me dijo que me largara. Luego me encontré ante el torniquete de entrada a la terminal del aeropuerto que me rechazaba mi billete sin piedad, pero uno se ha tirado unos veintitrés años de su vida viajando en metro todos los días y ya es campeón olímpico de salto de torno. Sin problemas vaya.
Y ya llegamos a lo mejor de la historia. Sobre las once de la mañana y gracias por un lado al registro on–line por Internet que me permitió el día anterior sacarme las tarjetas de embarque por mi impresora, y por el otro a que mi maleta es pequeñita (no como otras…) y suelo llevarla siempre como equipaje de mano, pude ir a la zona de embarque directamente y sentarme tranquilamente a esperar.
Y me senté, menos mal que me senté, con mi librito en la mano y al lado de un ventanal desde el que se veían las pistas, nuestro finger y muchas más cosas que iré narrando según se fueron sucediendo. En primer lugar a poco tardar llegó nuestro avión desde Madrid, se acopló al finger y descendieron primero los pasajeros y posteriormente la tripulación, más tarde sacaron los equipajes de dichos pasajeros. Aquí es cuando empieza lo raro. Una vez vacía la bodega y pese a que los equipajes de nuestro vuelo ya estaban esperando a pie de pista para ser embarcados, no se movía nadie, las maletas esperaban y nosotros desde la terminal también. No tardaron mucho en avisar que debido a un problema técnico e embarque se produciría a eso de la una, en ves de las once y media como estaba previsto, vaya no era la primera vez que me pasaba así que seguí leyendo. Pasado un rato las maletas seguían sin subir, ni nosotros claro está, en vez de eso descienden del avión una plancha de metal, parte del fuselaje, la colocan en un cochecito y se la llevan, casi inmediatamente llega un coche de la gendarmerie y conversan con el personal de pista. Ya es la una y cuarto, llevamos hora y media viendo gente subir, bajar y correr para todos los lados. Comienzan a escucharse palabras como “cancelado”, “putain”, “lavache” (esta me encanta…) o “suputamadre”, entre otras del estilo. El momento en el que al mostrador de entrada al finger se acerca un tipo empujando un carrito con bebidas y comida es cuando ya se que la hemos jodido del todo.

La explicación oficial a nosotros tardó en llegarnos unas horas pero yo prefiero contarla ahora. En el vuelo hacia Paris el comandante del avión notaba que algún panel metálico vibraba demasiado y al aterrizar dio el aviso y procedieron a la revisión, fue aquí cuando el “pepe gotera” de turno lo perforó al intentar quitarlo para examinarlo. ¿Resultado? Panel inútil, avión inútil, VUELO ANULADO.
Tras el oportuno reparto de latas y sándwiches nos indican que pasemos por el mostrador de Iberia donde “intentarán” recolocarnos a todos en otros vuelos posteriores hacia Madrid. Conociendo los horarios de la mayoría de dichos vuelos la opción más lógica, rápida y finalmente menos costosa pasaba porque Iberia enviara otro avión de reemplazo desde Madrid pero debido a que la huelga no hacía mucho que había sido desconvocada las fuentes oficiales argumentaban que no tenían pilotos preparados para esta situación. Así que comenzó la espera para la recolocación. Tengo que reconocer que yo, pese a todo, era de los que menos problemas tenía, ya que al llegar a Madrid mi viaje llegaba a su fin. Pero había mucha gente que Madrid era una simple escala, bien para coger otro avión, bien para coger trenes o autobuses. Resumiendo que se montó un buen follón. Cuando llegó mi turno la solución que me ofrecieron consistía en partir en un vuelo que saldría a las siete y media de la tarde, pero desde Orly, es decir de vuelta al principio. Si lo hubiera sabido me quedaba en él o mejor aún me hubiera quedado en la cama doce horas más… Pero es lo que hay (es lo que tienen las lentejas…) así que con las mismas me cojo el billete de autobús que me dan para ir al otro aeropuerto y allá que voy otra vez.
Una vez de nuevo en Orly todo se va sucediendo con un poco más de normalidad y más o menos a la hora prevista salimos en dirección Madrid.

Ya en Madrid, y en el mismo aeropuerto me recibe mi compañera y le puedo dar las llaves de su coche, entre otras cosas. Al día siguiente lo encontrará en el aparcamiento y llegará a Cosne sin problemas ni retrasos. Las hay con suerte, jeje…

Todo esto pasó ya hace unos cinco días, ya he tenido tiempo de reírme de todas y cada una de las cosas, todo va perdiendo la perspectiva dura y cabreante del momento in situ. Me he hecho mayor (literalmente, cosas de los cumpleaños…). Todo esto implicó básicamente que perdí medio día de vacaciones pero no me supuso mayores trastornos. Si esto me hubiera pasado en el viaje de vuelta seguramente hubiera sido más trastornante por las conexiones con el tren de vuelta (toquemos madera…) pero seguramente me hubiera importado menos tener que perderme un día de trabajo.
Eso os lo puedo asegurar.

martes, julio 11

Con la cabeza ya de vacaciones.

Si es que por mucho que lo intento me cuesta mantener una periodicidad decente, pero bueno intentaré quejarme-disculparme menos y escribir más (todo esto lo escribo con los deditos cruzados claro está.

La cuestión es que si el tiempo y el SEPLA lo permiten el próximo viernes, catorce para más datos pisaré Madrid por mis vacaciones. Tengo que decir que me van a despedir de Francia con fuegos artificiales y todo, es que ya no saben vivir sin mí. Pero bueno todo esto si al SEPLA como ya he dicho le sale de los mismísimos que si no la hemos liado. Y ahí en Madrid me pasaré una buena semanita larga que no se diga.

Ciertamente ganas no me faltan que empiezo a oler a chamusquina y ahora que estoy un poquito solo no hay nadie que me apague y me estoy quemando de lo lindo. Vaya que me van a venir muy bien estos días en mi Madrid.

La próxima vez que escriba será, bien desde Madrid bien de vuelta a Cosne, todo se verá. Pero de momento y como no tengo gran cosa interesante que comentar voy a colar un pequeño breviario cultural que queda muy bien y se escribe en un momentín.

Viendo:

Parece mentira pero en Cosne, un pueblecito cualquiera de la Francia profunda hemos tenido la suerte de poder disfrutar de la película Volver en versión original subtitulada. Y aquí tan contentos con tan inesperado suceso no dudamos ni un momento en ir a verla y además convencimos a un par de franceses. Sobre la película tengo que decir que si bien el cine de Almodóvar me ha parecido sobre valorado la mayor parte de las veces en este caso la película merece la pena, como con Hable con ella por poner un ejemplo reciente. Igualmente tengo que decir que si bien Penélope Cruz tampoco me ha parecido nunca gran cosa, en lo que a labores interpretativas se refiere claro, en esta ocasión (que no quiere decir que sea la única) me da a mí que lo borda. Y extiendo las ovaciones al resto del reparto, sobre todo a Blanca Portillo que me pareció genial. No me arrepiento de haber ido a verla.

Leyendo:

Y es que me da a mí que leo mucho.
Por un lado y a lo que novela se refiere hace unos días me terminé Las intermitencias de la muerte de José Saramago que me ha gustado mucho. Aunque tengo que hacer una observación el libro se puede dividir en dos partes muy claras, una primera donde sienta las bases de lo que pasaría en el caso en el que la muerte dejara de trabajar y su posterior retorno laboral más “gentil”, y una segunda parte donde se habla de su “problema” a la hora de despachar a cierta persona (no entro en detalles por razones obvias). Si bien la primera parte me pareció realmente interesante y muy bien llevada y desarrollada al tener en cuenta todos los aspectos que conllevaría el que la parca se tomara unos días de asueto, la segunda no es que la encuentre menos interesante pero desde luego no tiene nada que ver. Eso sí, el estilo literario de Saramago es tan bueno como siempre y solo por eso ya merece leer el libro.
Por otro lado y en lo que al comic, o en este caso a la Bande-Dessinée, se refiere me he leído un par de títulos.
Uno(s) los cuatro tomos aparecidos hasta la fecha en Francia de Koma de Wazen y Peeters. Ciertamente el primero ha sido una segunda lectura, dicho tomo a mi me sigue dejando un poco frío pero afortunadamente y gracias a mi frikismo (y me han dicho que ser friki es sexy, al menos para quien importa…) me terminé comprando del tirón los tres siguientes, y no me arrepiento de haberlo hecho ya que la historia va mejorando por momentos. Pese a que en España acaba de aparecer el primero, no quiero destripar tramas así que solo diré que al menos hay que darle una oportunidad al segundo que es donde se empieza a ver clara la historia.
El otro título leído es Les Mauvaises Gens de Étienne Davodeau. Tituló que arrasó en el pasado Salón de Angouleme y que, sinceramente me compré simplemente por ese hecho (por probar vaya). Narra el periodo entre el fin de la segunda guerra mundial y la llegada a la presidencia de François Mitterrand, allá por 1981. Es una historia de la lucha obrera y la evolución política de Francia. A mi me ha venido bien por eso de conocer un poco de la historia del país donde vivo actualmente, pero a nivel general se puede decir que es un comic muy bien llevado y que se lee muy a gusto.

Escuchando:

Pues si leo mucho, escuchar lo hago aún más. Ahora ando experimentando con cantantes francesas (musicalmente hablando, que no se me mal interprete), como Emilie Simón que me recuerda mucho a Björk o Anaïs que es bastante gamberra y se desmarca completamente de la línea generalizada de cantantes melositas que un rato no esta mal pero mucho termina provocando Diabetes (de la tipo II, ya sabéis), de ese montón me quedo con Olivia Ruiz (pese a todo) que tiene unas cuantas canciones que merecen la pena.
Fuera de las voces femeninas, que realmente son mi perdición (en plan Ulises y las sirenas, tal cual lo cuento…) no le hago ascos a gente como Calogero, Tryo, Indochine, De Palmas o al descubrimiento del año Gothan Project.

Y hasta aquí llego por hoy. En cuanto pueda más.

miércoles, junio 28

Carnets de voyage (I…) : Clermont-Ferrand.

Mira que no quería hablar de fútbol hoy, y de hecho no lo voy a hacer, solo remarcar que ha sido un día realmente difícil en el trabajo, gracias a ciertos “conards” que hay por ahí. Pero bueno que les den por saco.

Y vamos a lo que vamos, hoy quiero dar luz verde a una nueva línea de articulillos. Bajo el título genérico de “Carnets de voyage” (que, dicho sea de paso, no tiene nada de original sino que, podríamos decir más bien, homenajea a varios autores), pretendo escribir sobre las diferentes escapadas que voy haciendo o que ya he hecho por la Francia durante el tiempo que estoy aquí. Por un lado puede servir, bendita prepotencia, como guía de viaje o para dar ideas a aquellos que quieran recorrer la zona y por otro lado simplemente, bendita mala leche, para dar envidia. Todo esto en la medida de lo posible, desde luego.
Para empezar he escogido el periplo que me llevó durante los pasados días de Pâques, eso que viene a ser más o menos nuestra semana santa pero en versión reducida, por L’Auvergne.

Debería empezar diciendo que la Auvernía es conocida geológicamente por ser zona volcánica e históricamente por ser donde los galos terminaron cediendo al empuje romano, como bien aprendimos casi todos después de leer un poquito a Julio Cesar y un muchito a Asterix.



La principal característica que encontramos en los pueblos de esta zona es la explotación de dicha roca volcánica tan propia del lugar para la construcción de los edificios. Esto es especialmente evidente en Clermont-Ferrand, capital de la comarca y cuya catedral negra es una de las más impresionantes de las que ha visitado hasta la fecha.



Clermont es una ciudad viva, cada vez que salgo de Cosne y llego a algún lugar como este aprecio realmente la diferencia, se agradece ver y escuchar gente por la calle, el bullicio, las terrazas, las tiendas de cómics (ejem, esta vez no entré en ninguna, me costó contenerme, pero no entré), restaurantes variados con todo tipo de cocinas… Es, a fin de cuentas una ciudad donde no te importaría vivir.
Es una lástima, o quizá no, que suela quedarse fuera de los circuitos habituales de vacaciones y no sea una de las grandes conocidas, ya que realmente merece la pena pasarse por ella, ver sus plazas y fuentes de roca volcánica, perderse por sus calles, (pasear por el campo, por la playa, los espaguetis, y los lacitos!!... es que me enrollo de lo lindo, lo reconozco… estooo, volvamos al tema). Lo que también se podrá hacer en breve es darse una vuelta en el tranvía que están a punto de instalar.

Igualmente interesante pero a escala más reducida me pareció Riom, con el mismo tipo de construcciones a lo que a material de obra se refiere pero más en formato pueblo, calles más estrechas pero que al estar adornadas con abundantes flores (cosa bastante habitual en los pueblos franceses) generan un contraste interesante.



Lo que ya no me gusto tanto, o digámoslo de otra forma, me decepcionó un poco, fue Vichy, un pueblo envejecido lleno de balnearios y que nos da la impresión de encontrarnos en la costa noroeste de España durante los años setenta debido al tipo de viviendas. No descarto que tuviera algo de culpa la hora en que lo visitamos pero me resultó algo deprimente. No hice ni fotos…

Una de las buenas cualidades de L’Aubergne es la opción que da para hacerse unas interesantes rutas montañosas en las que recorrer antiguos volcanes sin mucha dificultad simplemente con un poco de ganas y unas buenas botas.
Son dignas de patearse las zonas de los Puy de la Vache y del Puy de Lassolas, que pueden ser rodeados mediante un sendero va remontando por los conos de ambos.



También hay que pasarse sin falta por Le Mont Dore, pueblecito de montaña a los pies de una cordillera nevada donde había un buen montón de gente esquiando. Allí se puede coger un teleférico

que remonta a una buena altura y que te acerca al Puy de Sancy, el más alto de la zona con sus 1886 metros.



El otro pico a subir es el Puy de Dôme, algo más pequeño que el anterior con 1465 metros, que se pueden subir tanto en coche como a pie, según las ganas que se tengan en el momento (nosotros lo hicimos en coche, vaguetes que estábamos vaya). En la cima, a parte de algunas de las mejores vistas que se pueden encontrar de Clermont-Ferrand y del resto de la zona, como ésta:

hay una torre de comunicaciones y un antiguo templo romano dedicado a Mercurio, lo que genera una curiosa casualidad. Desde luego había zonas donde te sientes flotando.



Todo viaje, aparte de sus ciudades que visitar y su naturaleza que admirar, tiene sus anécdotas a recordar y la de éste nos sucedió camino de Le Mont Dore, acabábamos de dejar atrás un impresionante lago helado, el Lac de Guery, que es este vaya:

y ya andábamos con ganas de comer un poco, aunque no creo que una cosa tenga relación con la otra. Paramos en una pequeña Brasserie-auberge que había en medio de la carretera y que nos llamó la atención ya que el sitio era asombroso, el comedor estaba completamente acristalado y colgado sobre una ladera con vistas a toda la cadena montañosa, el sol pegaba directo y calentaba bien, como decirlo, que se estaba muy a gusto.

La comida fue sencilla pero realmente sabrosa. Y tras el café, como viene siendo habitual, pedimos la cuenta y fuimos a pagar, momento en el que se encendió la luz de alarma al informarnos la dueña del lugar que no era posible hacerlo mediante la tarjeta de crédito, y nosotros que vamos cogiendo alguna que otra costumbre francesa y pagamos en todos los sitios con la “carte bleu” no llevábamos en metálico más de siete euros que se quedaban lejos de los veinte que debíamos. La sorpresa llegó cuando la señora nos dijo con toda la calma del mundo que no pasaba nada y que ya le enviaríamos un cheque otro día, lo de los cheques es otra costumbre francesa pero que en este caso aún no ha calado en nosotros y no la seguimos mucho. No obstante lo que hicimos fue pasar de regreso de nuevo por allí y saldar las deudas sin mucho tardar, que luego entran las perezas.
Otro dato curioso a aportar es que el dueño del hotel, en realidad de toda la cadena hotelera, donde pasamos las noches era un español que llegó a Francia a los ocho años y en el que encontré ese acento tan característico que ya descubrí el día que estuve en el consulado.

Así a groso modo esto es la Auvernia, al menos lo que yo vi de ella y lo que pude apreciar, como ya he dicho es una zona que suele pasar desapercibida pero que bien merece pararse a verla y disfrutarla.

lunes, junio 19

Reenganche.

Lo confieso, tengo internet desde hace dos semanas. Es cierto, soy un puñetero vago, en fin es lo que hay. No puedo decirlo de otra forma, y si no me he puesto a escribir aquí antes es simplemente por pereza.

Pero bueno, que vuelvo a la carga que para eso estoy aquí. Voy a comenzar con una pequeña puesta al día de todo lo que ha pasado desde la última vez que escribí por estos lares.

La desconexión tuvo lugar a finales de abril, allá por el veintitantos nuestro compañero de piso se fue y con él más de la mitad de los muebles, el módem, el teléfono, la internet y la France Telecom… Dejándonos a mi compañera y a mí solitos con media casa vacía e incomunicados (intentamos lo de las señales de humo pero a los bomberos no les hizo mucha gracia…). De todas formas, al día siguiente más o menos, ya teníamos nueva compañera de piso, que curiosamente también ocupó la plaza del que se fue en el trabajo, y con ella se amuebló de nuevo el salón. La casa quedaba así un poco más completa, ya no nos faltaba casi nada, excepto fundamentalmente algo de decoración, que es el proceso en el que nos encontramos ahora. Todos estos cambios y movimientos tuvieron lugar en los últimos días de abril y los primeros de mayo. Mayo, menudo mesecito, la de cosas que pueden suceder en treinta y un días escasos. Me explico.

Mayo como viene siendo habitual comenzó en fiesta, y además para cuadrar más las cosas coincidió en lunes. Al ser fiesta ese día cuenta poco así que paso de él. El dos, que suele venir después del uno fui a trabajar ya que aquí en Francia, y pese a mis insistencias, no tienen la costumbre de celebrar el día en el que les dimos la patada en el culo a las huestes napoleónicas, agua pasada no mueve molino les digo yo, pero ellos que nada, que no hay manera, que a trabajar se ha dicho, además dicho día se cumplía un año que empecé a vivir en Francia. Tras cuatro días no muy duros llegó el sábado, que era el día elegido para “hacer de tripas corazón” (tengo que aclarar que esta el la denominación con la que se conoce por aquí al Ikea) una segunda vez, y digo que era el día elegido debido a la cercanía de dicho centro con París, con lo que así haríamos noche en la ciudad de la luz y al día siguiente iríamos a ver un museo, aprovechando que el primer domingo de cada mes tienen entrada libre.

Pero no todo fue tan fácil como era previsible y hacia la mitad de las cuatro horas que nos pasamos en el “hacer de tripas corazón” empecé a sentirme mal, lo achaqué al hambre que por aquel entonces tenía y no le di más importancia. Esa misma noche estuvimos paseando-cenando por la rive gauche y a la hora de volver al hotel comencé otra vez con el malestar. El domingo finalmente escogimos el Musée d’ Orsay que estaba lleno de cuadros, pero más aún de gente. Esto, y en razón a las leyes de los volúmenes me llevó a pensar en un primer momento que uno va a un museo para ver gente pasear. Pero luego me di cuenta, sorteando mi egoísmo, que realmente uno va a un museo junto con más gente para pasear delante de los cuadros y para hacer que estos se sientan admirados y no se depriman por pasar todo el día colgados en un edificio vacío. Y mira que la mayoría de los cuadros que había eran realmente impresionantes (evidentemente) tanto que al primer guarda que vi le pregunté si me podía llevar alguno a casa, aprovechando nuestro ya mencionado proceso decorativo, prometiéndole, eso si, que los cuidaría mucho y que procuraría mirarlos al menos un par de veces al día, el guarda fue a consultarlo con un señor de blanco y cuando volvió me dijo que los baños estaban abajo, que las fotos las hiciera sin flash y que tuviera un muy buen día. Yo por no llevarle la contraria fui al baño dos veces pero me quedé sin cuadros para la casa. Lo que si me llevé, previo pago claro, fue un ejemplar del “Little Nemo 1905-2005, un siècle de rêves” de Editions Nouvelles, en el que varios autores aportan su visión de la obra de Winsor McKay, toda una maravilla que aún no he tenido el placer de leer y de la que desconozco si existe una edición en castellano.
Tras el museo fuimos a comer algo y a pasear un poco por los alrededores de Notre Dame, momento en el cual me volvió el malestar de los últimos días y optamos por volver a Cosne.

El lunes ocho no trabajé, ya que en compensación por el dos aquí celebran la victoria de 1945. Así que aprovechamos el día para ir colocando lo comprado y así adecentar un poco la casa. Yo por mi parte seguía con mis malestares, calores y escalofríos. Como no teníamos un termómetro en casa me ahorré el susto pero si hago una comparación con los días siguientes en los que si tenía estoy seguro de que en esos primeros días superé tranquilamente los cuarenta graditos. Pese a todo fue a la hora de irme a la cama cuando vi los primeros granitos y en ese momento empezamos a sospechar.

El martes sonó el despertador como cualquier otro día laboral pero al llegar frente al espejo no me reconocí, más tarde el primer médico que me crucé en el entro de rehabilitación en el que trabajo me lo confirmo: VARICELA. Media vuelta y a casa con quince días de arrêt y luego ya se vería. Aún me queda la duda de cómo alguien a las puertas de los 29 consigue agarrarse una varicela y más si no tiene contacto con niños ni conoce a nadie que la estuviera incubando en esos tiempos. Misterioso vaya…

Además del aburrimiento previsible al quedarme confinado en mi casa, el mayor problema que se me presentaba en esta situación era que el fin de semana siguiente se casaban en España dos de mis mejores amigos y no estaba dispuesto a perderme la boda ni con todas las autoridades aeroportuarias en mi contra, y mucho menos después de todo lo que había pasado para tener mi pasaporte. Conseguí un certificado médico que aseguraba que ya no era contagioso, cosa que nunca se sabrá si era verdad o no, y con él me fui a Orly. Al final en ninguno de los aeropuertos, ni en Orly ni en Barajas, tuve el menor problema. La boda fue genial, me lo pase a lo grande y me alegré enormemente de no habérmela perdido, que ya me pesó un poco el no poder ir a la despedida que tuvo lugar el fin de semana anterior.

Una vez pasada la boda, toda la semana siguiente, y ya de vuelta en Cosne, estuve muerto de asco en casa pese a que simplemente me quedaban algunas costras que ni picaban ni nada, así que solo en casa y sin internet me aburría sin remedio. Cierto es que televisión tenemos pero a decir verdad y pese a disponer de tropecientos canales hay que reconocer que la programación es casi peor que la española, o sin el casi, vaya que andan ahí a la par.

El siguiente fin de semana fue de vagueo y reposo en preparación a la reincorporación al trabajo. Lo único remarcable, que se pueda escribir por aquí, es que nos pasamos el sábado noche como dos idiotas comiendo palomitas y viendo Eurovision, ejem…

Por fin el lunes volví al trabajo y pese a que suene raro tengo que decir que ya tenía ganas (ya veis, uno, que le gusta lo que hace). El martes fuimos al cine a ver DaVinci Code que me dejó tan ni fu ni fa como el libro pero encima en versión condensada. Y el miércoles vino desde España de visita una amiga de mi compañera (que bien sienta que le vengan a ver a uno, y con esto no miro a nadie…), lo que hizo que pasáramos un buen fin de semana visitando sitios como Saint Fargeau o Bourges, donde nos quedamos con las ganas de no haber llegado un poco antes para tener más tiempo para hacer algunas compritas interesantes, yo me tuve que contentar, de prisa y corriendo, con los tomos 1 y 2 de “La Guerre de Alan” de Guibert que edita L’Association y con el “Approximativement” de Lewis Trondheim de editions Cornélius.

El siguiente lunes la visita se fue y a media semana y sin avisar quien llegó fue junio, con el verano esperando en la chepa. Lo que aún no había llegado pese a haberlo pedido casi un mes antes, era el nuevo módem y aquí los dos españolitos empezábamos a desesperarnos. Finalmente y como quien no quiere la cosa, tras presentarnos en La Poste con cara de pocos amigos y quejarnos un poquito, el sábado muy prontito el cartero llamó dos veces y el que suscribe salto de la cama bajó a la calle en pijama y recibió en sus manos un paquete en el que había un módem todo para nosotros solitos.

La llegada de dicho paquete modificó todos nuestros planes de fin de semana ya que aunque pretendíamos ir de nuevo a París para ver otro museo por la cara, nos conformamos con pasar la tarde del sábado en Bourges y hacer más tranquilamente esas compritas pendientes y como quien no quiere la cosa cenar con una pareja de amigos.
Las compras por mi parte las describo, consistieron en los tomos 2 a 4 del “KOMA” de Wazem Y Peeters, que ignoro si está traducida al castellano, aquí lo edita Humanoïdes Associés; el “Kickback” de David Lloyd de editions Carabas; el tomo fuera de colección de “Mr. Jean, la theorie des gens seuls” de Dupuy et Berberian también de Humanoïdes Associés; “Les mauvaises gens” de Étienne Davodeau, editado por Delcourt y que arrasó en la última edición del Salón de Angoulême y el “Kamasutra” y la edición integral de “Le déclic” de Milo Manara en una edición magnífica de Albin Michel. Sí, ya lo se, devasté un poco las tiendas pero llevaba ganas acumuladas y además estábamos en los días de la “Fête de la BD” con lo que me sentía muy en mi salsa.
Por otro lado diré que la cena estuvo muy bien y que me trajo muy gratos recuerdos.

El domingo me puse con la internet, el wireless, los portátiles y la línea de teléfono (claro que como el aparato de teléfono se fue con nuestro antiguo compañero fue como si no hubiera línea), por raro que parezca conseguí que todo funcionara sin grandes problemas, más o menos. Y en eso consistió el domingo, más o menos también.

A la semana siguiente ya teníamos un nuevo aparato de teléfono que aportó la nueva colocataire, pero era un teléfono curioso, ya que en principio sonaba muy bajito, luego no sonaba y finalmente no daba ni línea ni mucho menos los buenos días. Vaya que para dejarnos de líos terminamos comprando uno nuevo e inalámbrico para no cablearnos más…

El viernes no trabajé, en su lugar me cogí un avión otra vez hacia Madrid para la última de las bodas previstas, al menos de las que al final fueron tales (gracias primo por el dinerito que me has ahorrado y gracias también por avisarme personalmente). El sábado fue el casorio pero cosas de la vida lo terminé el domingo, mejor no hacer preguntas, aunque de todas formas no creo que pudiera responder ni a la mitad, la memoria en estos casos falla mucho. Pero en fin que la curiosidad de dicha boda fue que debíamos ir disfrazados (el que quisiera vaya) y el menda, ignorando las peticiones de un traje de Napoleón o de Luis XIV apareció como el mismísimo diablo. No, no pidáis fotos que no las pienso subir.
En fin que el domingo, y sin saber muy bien como, conseguí llegar a Cosne. Si en la anterior boda tuve miedo de que no me dejaran viajar por contagioso en ésta tenía miedo de que no me dejaran pero ahora por inflamable, finalmente el único problema que tuve fue el inicio de una gran resaca que me había ganado a pulso por insensato.

Fue hacia el martes cuando la resaca se disipó del todo coincidiendo felizmente con el cumpleaños de mi compañera así que lo celebramos, el cumpleaños, no el que se me pasara la resaca. Y así siguió la semana, el miércoles tuve la dura tarea de ocuparme de dos pacientes en sus respectivas habitaciones, aunque se dio la casualidad por un lado de que en ambas hubiera televisión y por el otro que el tratamiento del primero durara lo mismo que la primera parte del España – Ucrania y que el segundo tratamiento acabara con el fin de dicho encuentro, curiosidades de la vida, ejem…

Y es así como llegamos a este fin de semana que acabamos de pasar, en el que tenemos visita ni más ni menos que desde Canadá (a ver si aprendemos) y en el que casi se me pasa felicitar a una de mis mejores amigas por su cumpleaños (ojito con los frutos amarillo-anaranjados cubiertos como con hojas…). Así que la vida sigue, tras este fin de semana y un día de trabajo en cuanto acabe con esto me pondré a ver el fútbol, a ver si seguimos con la racha, aunque no nos emocionemos que ya sabemos lo que pasa luego.

El que haya llegado hasta aquí y se lo haya leído todo enterito realmente merece un premio, así que cuando se me ocurra os aviso, vosotros por si acaso dejad un comentario (por el momento, ¿alguien quiere una cuenta de Gmail?)

viernes, abril 21

El indocumentado (...y III)

Y al vigésimo primer día, el pasaporte llegó...
No fueron diez días los de la espera, fueron alguno más pero finalmente nuestro intrépido personaje respira un poco más tranquilo conocedor de que no tendrá grandes problemas para acceder a su avión en los próximos días.

Fiuuuu...

domingo, abril 2

El indocumentado (II…)

Sábado 1 de Abril,

05:00, suena un despertador. Nuestro intrépido personaje, abre los ojos, blasfema, maldice y se levanta de la cama (probablemente lo hiciera en otro orden diferente, pero todo queda confuso).

06:30, llega un tren. Nuestro intrépido personaje se sube a él y se dispone a viajar a la ciudad de las luces, claro que a la hora que va a llegar pocas luces va a ver. Música y a intentar dormir (el intento va a resultar fallido).

08:30, se para un tren. Nuestro intrépido personaje se baja de él y tras una breve pausa decide que prefiere coger un taxi antes que arriesgarse con el metro y no saber por que boca salir al llegar al destino, después descubrirá que estaba en lo cierto y lo agradecerá.

09:00, se para un taxi. Nuestro intrépido personaje se enfrenta a su destino, ante él tiene las puertas del Consulado español en París, y se dispone a obtener su pasaporte caiga quien caiga.

09:30, pasa el tiempo. Nuestro intrépido personaje tras media hora haciendo cola alcanza su ventanilla y le dice a la funcionaria de turno, dicho sea esto con el mayor de sus respetos, que desea obtener el pasaporte y que ha traído todos los documentos necesarios, (a saber: una foto tamaño carné, su DNI y un recibo que acredite que reside en Francia) tal y como le indicó “amablemente” por teléfono, dicho sea esto con el mayor de sus sarcasmos, uno de los compañeros de dicha funcionaria.

09:33, extracto de conversación entre nuestro intrépido personaje y la funcionaria de turno:
- ¿Está usted inscrito en este consulado?
- Pues que yo sepa no
- Es que debe estar inscrito para que le pueda tramitar el pasaporte.
- Bien, ¿y que debo hacer para inscribirme?
- Tiene que rellenarme este formulario y le inscribo en el momento.

09:39, se mascullan más improperios. Nuestro intrépido personaje se encamina hacia una mesa para rellenar su formulario verde. Una vez cumplimentado dicho formulario se dispone a hacer cola de nuevo para alcanzar la misma ventanilla por segunda vez.

10:15, intento dos. Nuestro intrépido personaje llega de nuevo a la ventanilla, segundo extracto de conversación:
- Espere un momento joven que esta pareja estaba antes – dice la funcionaria de turno a nuestro intrépido personaje, refiriéndose a dos personas que igualmente habían tenido que rellenar el formulario verde – y les dije de pasar directamente.
- Sí, como yo, que también he pasado antes y he tenido que rellenar el mismo formulario – dice nuestro intrépido personaje mientras se le inflama la vena de la sien derecha – y aquí lo tiene rellenado.
A esta breve conversación sigue un cruce de miradas entre la funcionaria, nuestro intrépido personaje, la persona que espera detrás y los que iban a pasar por el lado.
- Tiene usted razón – concluye la funcionaria con cara de circunstancias mientras se dispone a rellenar el mismo formulario que se le entrega pero esta vez en un ordenador – ¿Tiene usted una fotografía?
- Aquí la tiene – dice triunfante, pero con un suspiro de alivio, nuestro intrépido personaje.

10:29, se teclea un ordenador. Nuestro intrépido personaje comienza a quedarse dormido contra el cristal de la ventanilla mientras la funcionaria de turno se pega con su ordenador intentando hacer que funcione a la vez que responde al teléfono y se disculpa repetidas veces por tener que hacerlo, tanto una cosa como la otra. A nuestro intrépido personaje estas cosas empiezan a traérsela al pairo y solo le preocupa que todo quede atado y bien atado. De todas formas ya no va a llegar al tren de las once y cuarto y se va a tener que esperar al de las dos y diez.

10:35, la funcionaria termina de teclear. Nuestro intrépido personaje es invitado a presentarse en la octava ventanilla para darse de alta en el censo mientras la funcionaria termina de cursar su solicitud. A nuestro intrépido personaje le importa un comino el censo y más a estas alturas en las que lo único en lo que piensa es en respirar aire libre y en ciertos pasajes de “la matanza de Texas”, pese a todo y por que reine la paz y la tranquilidad accede a ello.

10:36, ventanilla ocho. Nuestro intrépido personaje informa a la funcionaria respectiva de sus intenciones de darse de alta en el censo, no obstante se guarda para sí su opinión al respecto, más que nada porque llegado a este punto no le interesa que le expulsen del consulado. Dicha funcionaria le entrega otro formulario, en este caso blanco, que nuestro intrépido personaje debe rellenar y devolverle acto seguido.

10:40, otra vez la ventanilla ocho. Nuestro intrépido personaje, tras pasar de nuevo por la mesa donde se rellenan formularios, devuelve el mismo a la funcionaria y ésta a cambio le da cierta información sobre de las elecciones y de cómo proceder al respecto. Nuestro intrépido personaje, bien por cansancio, bien por desidia, no se entera de nada pero es consciente de que eso le puede pasar factura dentro de un tiempo.

10:45, regreso a la ventanilla de origen, que resulta ser la cuatro. Nuestro intrépido personaje es reclamado por la funcionaria de turno, la original, la de siempre, para acercarse a la ventanilla y proceder al pago de los costes de tramitación del pasaporte. ¿Pasaporte? ¡Cierto! ¡Era eso lo que nuestro intrépido personaje había ido a buscar allí! Se pagan los 17’22 euros que implica la tramitación del pasaporte y recibe a cambio un resguardo y el consejo de llamar al Consulado pasados diez días laborables para asegurarse de que dicho documento ya está disponible y poder pasar a recogerlo.

10:47, momento de lucidez. Nuestro intrépido personaje, sorprendiéndose a si mismo por la cuestión que propone a la funcionaria dadas sus deterioradas funciones mentales (las del personaje, de las de la funcionaria no hay constancia de que sea así) mayormente a causa del cansancio acumulado, pregunta si existe la posibilidad de recibir dicho documento por correo.

10:50, otra vez en la mesa. Nuestro intrépido personaje tras recibir un sobre en blanco de la funcionaria de turno procede a anotar su dirección en el mismo para que le pueda ser enviado su pasaporte vía correo y evitar así tener que volver a buscarlo al Consulado, lo que le alegra sumamente ya que tiene la sensación de que algo en dicho edificio comienza a provocarle urticaria.

10:53, por última vez frente a la ventanilla. Nuestro intrépido personaje entrega a la funcionaria de turno el sobre cumplimentado y los 4’63 euros, que supone poder recibir el pasaporte por correo, mientras discretamente cruza los dedos e intenta borrar de su mente la fugaz idea de que dicho documento pueda perderse por el camino.

10:56, libre al fin. Nuestro intrépido personaje sale a la carrera del Consulado Español en París y respira profundamente en un intento desesperado de espabilarse y de olvidar todo lo sucedido en lo que va de mañana.

11:00, París por delante. Nuestro intrépido personaje dispone de más de tres horas para coger un tren de regreso al pequeño pueblo donde vive. Comienza a andar deshaciendo el camino que realizó en taxi a la ida con la idea de coger el metro, bien hasta las proximidades de Notre-Dame, bien hasta las proximidades de la Sorbonne o bien directamente hasta la Gare de Lyon de donde saldrá su tren. Todo tiene un motivo y nuestro intrépido personaje sabe muy bien cuales son sus razones.

11:35, llegando a la Seine. Nuestro intrépido personaje no ha encontrado por el momento ninguna parada de metro pero no le importa, disfruta con el paseo. Y ya ha llegado a una de sus intencionados destinos, los puestos de láminas en ambas orillas de la Seine. Tras comprar tres láminas y una edición ilustrada de “Le petit Prince” (en francés, evidentemente), se encamina al segundo de destinos intermedios.

12:05, de camino a la Sorbonne. Nuestro intrépido personaje acaba de pasar Notre-Dame y se desvía del curso del río por la “rive gauche” hacia la Sorbonne ya que es conocedor de que de camino se encuentra una tienda de cómics, el vicio lo lleva en la sangre, nada puede evitarlo, el mono es muy grande.

12:20, de vuelta al río. Nuestro intrépido personaje vuelve a seguir el curso del río hacia el puente “Charles de Gaulle” con la cartera más ligera y la mochila más pesada. Sus adquisiciones consisten en seis álbumes de “Monsieur Jean” de Dupuy et Berberian, “Le voyage” de Baudoin, “Le rêve prolongé de monsieur T.” de Max y el tercer tomo de “Blacksad” de Canales y Guarnido (hay que remarcar el hecho curioso que implica que nuestro intrépido personaje lea Blacksad en francés siendo de autores españoles y que nunca lo haya hecho en el español original).

12:55, se cruza el río. Nuestro intrépido personaje llega a la Gare de Lyon tras un par de horas andando por París y con los pies bastante perjudicados. Se sienta en el exterior de la misma y, tras dar buena cuenta de media bolsa de patatas fritas y media botella de agua, decide comenzar a leer su libro “Marqués de Sade” (en español) mientras espera su tren.

13:10, buscando cobijo en la estación. Nuestro intrépido personaje no ha leído dos líneas aún cuando una gota cae sobre el libro, mira al cielo y ve como el radiante sol que le ha acompañado toda la mañana es cubierto súbitamente por una espesa masa de nubes grisáceas. Raudo y veloz se encamina al interior de la estación mientras se desencadena un pequeño diluvio.

13:45, se designa la vía. Nuestro intrépido personaje una vez conocedor de la vía desde la que partirá su tren se encamina hacia el mismo con grandes ganas de llegar cuanto antes, sube al tren y, no sin dificultad, encuentra un asiento en el que reposarse.

14:15, partiendo de París. Nuestro intrépido personaje ve por la ventanilla del tren como se alejan los andenes de la Gare de Lyon, y con ellos la ciudad que le ha entretenido esa mañana, y se dispone a leer su libro biográfico durante las dos horas que tardará en llegar a su casa.

16:17, se abre una puerta. Nuestro intrépido personaje entra en su casa suspira, se quita los zapatos, saluda a su compañera de piso, le muestra las compras, le comenta el día, come, se desmaya en su cama hasta media tarde (posiblemente no fuera en ese mismo orden, pero todo queda confuso).


Esta narración está basada en hechos reales, cualquier parecido con la realidad es obviamente intencionado, otra cosa es que sea acertado. Todas las personas implicadas desean permanecer en el economato (aquí llamado Ecomarché) así que el que quiera saber más que se compre un libro, que yo no suelto prenda.

Nuestro intrépido personaje comentará posteriormente si finalmente recibió su pasaporte. También si acaso hará algún que otro comentario sobre sus compras e igualmente promete, no a mucho tardar, rematar el tema de las películas basadas en cómics, que esta semana ha estado “feignant”, pero mucho además.